ENCARANDO EL DOLOR

Algunos escritores dicen que venimos a esta vida para sufrir. Para recorrer un camino largo y angosto, con baches, largas cuestas y piedras enormes. Parece ser que forma parte de nuestra esencia humana eso que calificamos como dolor o sufrimiento, pues no es como el dolor físico de una liebre atacada por un depredador, es un dolor mucho más hondo, imperceptible para los demás, pero desgarrador para nosotros.

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Todos lo hemos sentido y algunos hemos pensado que quizá nos acompañe toda la vida. Ahí hemos entrado en el fatídico bucle que yo en consulta suelo denominar “el pozo sin fondo”: todo pierde color, viveza y movimiento. Aparece una percepción del mundo caótica y una auto-perepción como un ser inmóvil que cae en el vacío sin poder hacer nada. Mientras tú caes, tus amigos y familiares te acompañan con un “¡tienes que salir! ¡Ánimo! ¡No puedes estar así!”. Sobra decir que la visión del pozo desde arriba no es la misma que desde abajo: tú ves un larguísimo recorrido hasta alcanzar esa luz que parece lejana y ellos están arriba, en la zona iluminada. La frustración de tus seres queridos muchas veces es enorme ya que por mucho que te tiendan la mano no pueden sacarte de él.

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Ahí, en tu oscuridad, rodeado de las paredes de tu propio pozo es cuando empiezan a sonar como un eco aquellas palabras que hicieron crujir tu interior, a proyectarse vívidamente esas imágenes que te atormentan y a cerrarse tus ojos para no enfrentar tu realidad. “Es tan duro, tan indescriptible que es imposible de soportar. No quiero vivir así”. Cuando en consulta he escuchado frases como está… ¡suena música celestial en mis oídos! “No quiero vivir así”, me gusta esta parte de la frase, la única que me interesa. No querer vivir así es el motivo del cambio.

Lo primero que debes aprender es que en contra de lo que parece: no, no hemos venido a esta vida a sufrir. Hemos venido a vivir, a experimentar, a aprender, a reír, a llorar, a sentir… Tú no eres tu dolor, tú eres más que el dolor que estás sintiendo, eres mucho más que un sentimiento. Tu vida va más allá de esta etapa, una etapa que debes seguir caminando para zanjarla. Nadie va a sacarte del pozo, tú eres quien debe recorrer el camino hasta la salida. Podrán ayudarte, pero no si tú no pones en marcha tu cuerpo.

No debes ignorar el dolor, no debes buscar la distracción, evadirte o hacer como si no pasara nada. Esa no es la solución. Al dolor hay que enfrentarlo de cara, comprenderlo, entender por qué te hace sentir así. Nuestro dolor nos habla de quién somos, qué necesitamos, qué hemos perdido y qué tenemos que cambiar. Sólo las personas que encaran al dolor superan el miedo y reaccionan buscando una solución, la que sea, la que ellos consideren oportuna. Es así como consiguen salir del pozo.

Es curioso pero ese pozo oscuro acaba dándonos mucha luz. Nos muestra quiénes somos, la fuerza que tenemos y nos enseña el otro lado de la vida, aquel que va más allá del sufrimiento, aquel que está más allá del pozo negro. Te enseña que el pozo sin fondo no existe, es tu visión del mundo la que te hace sentir así.

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Si miras el mundo como un túnel todo parecerá negro.

Si lo miras como un  paisaje verás las diferentes tonalidades de la vida.

Y aunque la herida sana,  uno ya no es el mismo. Es más fuerte, más sabio, está más vivo. Tras la oscuridad uno sólo se plantea “A MIRAR HACIA ADELANTE… QUE PARA ATRÁS YA ME DOLIÓ BASTANTE” (como dice la canción).

Patricia Blasco. Psicóloga.

RESISTENCIA AL CAMBIO

El mundo está en continuo cambio. Tanto el entorno que nos rodea como nuestras necesidades internas evolucionan. Entonces, ¿por qué nos resistimos a cambiar?

La Real Academia Española define resistirse como “oponerse con fuerza a algo”. Así, la resistencia al cambio es un esfuerzo por combatir una situación de ansiedad frente a la incertidumbre, un miedo a perder el control de la situación y salir de la famosa zona de confort. Dicha resistencia actúa bajo el supuesto erróneo de que “más vale malo conocido que bueno por conocer”. En lugar de afrontar un cambio novedoso, preferimos una situación que nos daña por el hecho de que nos resulta familiar, sin ser conscientes del efecto de ese daño sobre el organismo. La fuerza que ejercemos para evitar el cambio supone una pérdida de energía vital que nos hace vulnerables física y mentalmente y nos impide adaptarnos a los cambios y prosperar.

Nuestro mundo está sujeto a continuos descubrimientos que nos ayudan a adaptarnos al entorno, al tiempo que las necesidades humanas cambian con dicho fin. Estas dos viñetas representan claros ejemplos de resistencia al cambio.

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Cuando queremos romper con la resistencia, el primer paso es sencillo: aceptar la necesidad de un cambio. Para ello es fundamental no dejarse llevar por pensamientos catastrofistas como: “no puedo cambiar”, “es demasiado difícil”, “esta situación no tiene remedio”… Más adelante veremos cómo afrontar el cambio, en primer lugar solamente necesitamos ser conscientes de que “hay un problema”, “no me gusta esta situación” o “no quiero seguir así”.

Una vez aceptada la idea de cambio, el obstáculo a vencer es la incertidumbre, el temor a una nueva situación, a circunstancias que no dominamos. ¿Cómo superamos el miedo a lo desconocido? Conociendo. No somos conscientes de cómo la desinformación afecta a nuestras vidas, nos llena de prejuicios y nos impide perseguir metas. No puedes encontrar el camino para lograr tu objetivo sin buscarlo, igual que no puedes perder el miedo a algo sin comprobar si realmente hay algo que temer y cómo afrontarlo.

El siguiente paso es poder. Ya has aceptado que necesitas un cambio y conoces la manera de afrontarlo, necesitas disponer de recursos o herramientas para llevarlo a cabo.

Por último, la cuestión es querer. Todos sabemos que no se puede ayudar a quien no quiere ser ayudado. Por ello es vital que cada persona se involucre en su proceso de solución de problemas. Podemos necesitar un cambio, saber cómo llevarlo a cabo y tener los medios para hacerlo, pero tenemos que querer para conseguirlo.

Siguiendo estos cuatro pasos: aceptar, conocer, poder y querer, serás capaz de cambiar muchas situaciones que parecen imposibles. Vamos a ver tres ejemplos:

  • Una persona que ha construido su vida en torno a una pareja que no le trata bien y ha perdido el contacto con el resto de personas.
  • Una persona delicada de salud que tras ir al médico ha descubierto que está en peligro de padecer una enfermedad cardíaca.
  • Una persona que dejó sus estudios para trabajar, pero no logra trabajo por falta de formación y ha agotado todos sus ahorros.

 

Relación tóxica Persona enferma Retomar estudios

ACEPTAR

“No soy feliz con mi pareja” “Tengo miedo a empeorar” “Necesito estudiar para obtener trabajo”
Incertidumbre

“¿Estaré sol@?”

“¿Puedo morir?”

“¿Podré estudiar?”

CONOCER

Comprobar si tendré el apoyo de familia y amigos

Conocer mi enfermedad y cómo evitarla

Investigar formas de conseguir ingresos para estudiar

¿Qué necesito?

Apoyo

Cuidarme

Dinero

PODER

Fomentar los lazos con mi familia y amigos

Controlar mi alimentación y ejercicio físico

Ahorrar y solicitar ayudas económicas para estudiantes

¿Tengo todo lo anterior?

“Sé que mi familia y amigos me van a cuidar siempre”

“Con dieta y actividad física los síntomas remiten”

“Con la beca y lo que ahorre me llega para estudiar”

QUERER Voy a dejarle Voy a cuidarme

Voy a estudiar

Para terminar, os dejo una frase de la autora Maya Angelou que considero oportuna:

“Si no te gusta algo, cámbialo. Si no puedes hacerlo, cambia tu actitud”

Javier Clemente. Psicólogo.

FRUSTRACIÓN, LA GRAN BOMBA EMOCIONAL

La frustración es tras la ira una de las emociones humanas más comunes y sin embargo son pocas las personas que afirman sentirse frustradas, ¿por qué?

Podemos definirla como un sentimiento de impotencia,  “un querer y no poder”  que aparece como respuesta emocional ante la situación de ver que las expectativas y los deseos propios no pueden ser cumplidos. Implica asumir que las cosas no marchan como uno desea  y por este motivo pocas personas se autocalifican como frustrados. Vivimos en una sociedad de apariencias donde vale más el qué pensarán que cómo me siento. Las presiones sociales junto a la presión personal convierten a la frustración en una bomba emocional cargada de decepción, desmotivación, tristeza, ira y ansiedad que debe ser gestionada de manera interna, a solas, a escondidas, para no mostrar signos de debilidad y fracaso.

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Como cualquier emoción puede ser controlada y canalizada de forma positiva de modo que se convierta en el motor de cambio que muchas veces necesitamos para dar ese paso adelante y cambiar la situación. La tolerancia a la frustración es un ingrediente básico de la resiliencia (ya os hablé de ella en un post anterior) y debe ser trabajada desde la infancia. Ese NO que nuestra madre nos decía de pequeños ante la insistencia del “cómprame algo”, ese examen suspendido o el “no te lo dejo” de tu hermano son la base del pegamento que de adulto te impide tirar la toalla cuando el camino se tuerce demasiado.

Sin embargo no todas las personas adquieren la capacidad de tolerar la frustración (ni todas las situaciones de la vida son las mismas) mostrando una reacción que tiene tres características: 1) percepción distorsionada de las situaciones vividas: ver sólo el aspecto negativo de las cosas; 2) tendencia a querer controlar cada evento de la vida; y 3) incapacidad de soportar el malestar que implica afrontar las situaciones dificultosas de la vida. Estas personas suelen caer en la gran decepción que supone sentirse frustrado, viéndose atrapados y sin posibilidad de cambiar las cosas. Llegados a este punto la frustración puede estallar provocando cambios en el carácter, los intereses y metas vitales de la persona, convirtiéndola en el “otro yo que no quería ser”.

¿QUÉ HACER PARA QUE LA BOMBA EMOCIONAL NO ESTALLE?

  • Busca un plan B, siempre hay otra puerta de salida, ¡búscala!
  • Reconoce tus errores:aprende de aquellas situaciones frustrantes del pasado para que no vuelvan a repetirse.
  • Quédate con la parte positiva:todo en la vida es una experiencia.
  • No busques la perfección:las ideas de perfección e inflexibilidad son contraproducentes, disfruta de lo que haces, no lo conviertas en un martirio.
  • Asimila que los deseos no son necesidades que requieren una resolución inmediata.
  • Fomenta tu autoestima
  • Tómate las cosas con calma
  • No te dejes llevar por presiones externas.

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La tolerancia a la frustración es una virtud que necesita aprendizaje, desarrollo y muuucha paciencia, pero sobre todo necesita ser experimentada. Como os diría mi madre, ¡no hay mal que por bien no venga! A pesar de que ciertas situaciones pueden causar dificultades la satisfacción de superarlas es increíblemente reconfortante.

Patricia Blasco. Psicóloga.

El cerebro EXIGE vacaciones

Ha llegado el momento de las vacaciones. Muchos asocian la palabra vacaciones a sombrilla-bañador-bronceador, playas de ensueño, verdes bosques, lagunas perdidas entre montañas, momentos familiares…  Esto depende de las posibilidades económicas y gustos de cada uno, pero lo cierto es que las vacaciones son sinónimo de descanso. Coloquialmente decimos “sí vete aunque sea dos días, desconecta y recarga pilas”, y no estamos del todo equivocados.

Nuestro cerebro, el mandamás de nuestro cuerpo no está en una actividad constante todo el día. Es una zona biológica increíblemente sabia y deja inactivas aquellas zonas que no está utilizando para intentar ahorrar energía y poder emplearla de manera eficiente mientras trabajamos, hacemos las cuentas de casa o preparamos la declaración de Hacienda. Al mismo tiempo cuentacon dos vías atencionales: la red de tareas positivas activada cuando necesitamos concentrarnos en algo durante un largo tiempo (pongo de ejemplo mi lucha por cuadrar mis horarios semanales cada sábado); y la red de tareas negativas que se activa cuando divagamos, fantaseamos o soñamos despiertos (lo que yo hago los domingos por la mañana cuando me despierto y remoloneo en la cama pensando en mis vacaciones). Son dos vías excluyentes, es decir, si una está activa la otra no puede funcionar. ¿Quién suele ganar la batalla y dominar nuestra atención la mayor parte del tiempo? Está claro que la de tareas positivas, provocando que nuestra creatividad se quede en la sombra y exigiéndonos un rendimiento de alta competición cada día, estresándonos y consumiendo toda nuestra energía. Es la responsable de los enfados, las malas contestaciones y la apatía que muchas veces se apodera de nosotros. Cuando esta sintomatología se vuelve crónica el cerebro reclama vacaciones.

¿Qué ocurre cuando estamos de vacaciones? Se ha demostrado que el cerebro en pleno remanso de paz, sin preocupaciones ni tener que hacer cuentas, dedica esos momentos de ocio para hacer algo productivo como fijar conocimientos adquiridos al estudiar o aprender algo nuevo. Este es el momento que coloquialmente llamamos “recarga de pilas” y en el que la segunda vía atencional se apodera de nuestra mente. Es el momento en el que nos encontramos superactivos, de buen humor, nada nos cansa, ¡nada nos detiene! Es el efecto de la felicidad de nuestro cerebro: él es quien está de vacaciones. El cerebro suele dedicar estos momentos a eliminar todo aquello que nos produjo el estrés (toxinas y exceso de hormonas) y libera endorfinas para combatirlas. Las vacaciones no son cuestión de dinero son cuestión de descanso. Hacer unparón en la rutina diaria, olvidarnos de despertadores, agendas e incluso móviles es beneficioso para nuestra salud.

Además de esto las vacaciones son entendidas como una recompensa por el esfuerzo realizado a lo largo del año y aumentan nuestra autoestima. Según los expertos basta con dos días sin hacer nada (incluyendo las nuevas tecnologías)  para volver con las pilas cargadas. Así que ya sabes, deja el teléfono, la tablet, el e-book, la PSP e incluso los pasatiempos, túmbate en la arena, el césped o en el sofá de casa y deja que tu cerebro se sienta libre.

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Patricia Blasco. Psicóloga.

RESILIENCIA: Caer y Levantarse

Muchas veces hemos oído hablar de la existencia de personas que ante la adversidad se crecen. Personas que no se sabe muy bien de dónde sacan una fuerza increíble para levantarse tras una gran caída y plantarle cara al mundo con la mejor de sus sonrisas. Desde luego es admirable y por qué no decirlo envidiable. Lo que la mayoría de personas quizá no sepa es que estas personas con esta especie de “don” lo han ganado a pulso con su propia experiencia, no nacieron con él. No tuvieron una vida fácil, sino llena de baches y de altos y bajos. Son el ejemplo de que las malas rachas sirven para aprender y crecer en diferentes aspectos de nuestra vida. Aquel acontecimiento negativo que les ocurrió les convirtió en seres diferentes, con habilidades y con estrategias que antes no poseían.

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Entonces podríamos llegar a preguntarnos, ¿no sufren? Por supuesto que sí, sufren emociones negativas como tristeza, ansiedad y estrés; lloran a escondidas y pasan  noches sin dormir al igual que todo ser mortal, pero todo esto se convierte en el impulso de su crecimiento personal. Son personas que aprenden a convivir con el dolor, no a eliminarlo. A mí personalmente me parece una extraordinaria y admirable manera de afrontar el sufrimiento.

En psicología se utiliza el término RESILIENCIA para definir la personalidad de este tipo de personas. Es un vocablo muy usado por los ingenieros para referirse a aquellos materiales que tras ser sometidos a una deformación son capaces de recobrar su estado inicial, como por ejemplo un muelle. En psicología se lo hemos tomado prestado (gracias queridos ingenieros por todas vuestras aportaciones) y lo utilizamos para referirnos a aquellas personas que son gomas elásticas ante situaciones complicadas. Aquellas que son capaces de adaptarse a las situaciones difíciles, de aguantar el tirón y de luchar teniendo la capacidad de volver a su estado de calma saliendo fortalecidos tras el golpe.

Inmiscuirse en el camino de la resiliencia es afrontar la vida con optimismo realista, ver el vaso a medias, pero medio lleno o el cielo nuboso, pero no gris. Es cultivar la seguridad en uno mismo y creer en las capacidades propias para resolver cualquier entuerto que pueda presentarse. Implica aprender de las experiencias positivas y de las negativas para sacar la conclusión más reconfortarte y rodearse de las personas que te hacen sentir fuerte. Pero sobre todo, la gran capacidad que debe cultivarse es saber plantearse retos a lo largo del camino aún cuando éste sea tan oscuro que no permita ver la salida.

Siguiendo el proverbio japonés “Caéte siete veces, levántate ocho veces” da igual el número de veces que caigas derrotado, levántate e inténtalo de nuevo, ¡lo importante es dar lo máximo de cada uno y perseverar hasta el final!

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Patricia Blasco. Psicóloga.

La magia de reír

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REÍR:”Manifestar regocijo mediante determinados movimientos del rostro, acompañados frecuentemente por sacudidas del cuerpo y emisión de peculiares sonidos inarticulados” (RAE).¿Sólo eso? No, siento discrepar con la RAE pero reír es mucho más que una serie de movimientos faciales y corporales:

Reír de es dejarte llevar por las palabras, por las emociones, por la gente que te rodea. Reír es que te duelan los mofletes, la tripa y que te lloren los ojos.

Reír es salivar, intentar buscar aire porque no puedes respirar, moverte o hablar mientras tu cara está roja y te duele, pero ¡no te importa!

Reír es mirar a los ojos de la otra persona y que te den más ganas de reír.

Reír es olvidar

Reír es sentirse bien, libre, sin tapujos, sin vergüenzas.

Reír es animarte a decir la primera “pararruchada” que se te ocurra.

Reír es un alivio

Reír es sentir que merece la pena vivir

La risa es una emoción que forma parte del ser humano, muy pocos animales muestran risa, algunos primates superiores y nosotros. Se cree que su origen es puramente social , una forma de comunicarnos y de establecer relaciones pero actualmente sabemos que la risa sirve para mucho más. Algunos de sus beneficios son:

La risa aumenta el umbral del dolor.

La risa hace que nuestro cuerpo libere endorfinas, unas sustancias que liberadas en un nuestro cerebro actúan como analgésicos disminuyendo la intensidad del dolor. ¡Un ibuprofeno gratuito!

La risa mejora la creatividad.

Tener un profesor que te haga reír estimula la habilidad para aprender. Un estudio de la Asociación del Humor Terapéutico Aplicado encontró que los niños ríen hasta 300 veces durante el día y los adultos menos de 20. Esto hace que estén abiertos al mundo, a la información, a la imaginación… y que se comporten como “esponjas de información” haciendo que su curva de aprendizaje sea mucho mayor que la nuestra.

La risa es ansiolítica

Reír hace que disminuya el nivel de cortisol, la hormona del estrés. Nos aleja de las sensaciones negativas y del temor. No hay nada mejor que echarte una risas después de un duro día de trabajo.

La risa mejora las relaciones amorosas

Elegimos parejas que nos hagan reír. Un estudio encontró que tanto hombres como mujeres puntúan el sentido del humor por encima de la inteligencia, la educación, la profesión o el atractivo sexual en la lista de requisitos deseables en una pareja. Además está demostrado que las parejas que sonríen y se ríen juntas afirman estar más satisfechas con su relación y permanecen juntas por más tiempo.¡Claro! ¿Cómo no vas a querer a alguien que te hace sentir bien?

La risa nos saca de apuros

La  risa es una emoción que puede ayudarnos en nuestras relaciones con las personas más cercanas, algo importante cuando nos sentimos bien pero clave cuando tenemos problemas. Una risa en el momento oportuno puede quitar tensión al ambiente y hacer que la moneda cambie de cruz a cara.

Las relaciones duran más cuando nos reímos juntos

Rodearte de amigos que te hagan reír hace que quieras estar con ellos toda la vida. Uno de los principales motivos por los que se estropean amistades (y parejas) es porque al estar juntos las personas no se ríen, el tiempo se hace largo cuando están juntos y la libertad de expresión empieza a escasear. Busca amigos que te hagan reír y serás afortunado.

La risa elimina el insomnio.

Produce cierta activación cerebral que elimina la fatiga y el cansancio. Esta es la explicación por la cual pese al cansancio de toda la semana aguantas de fiesta hasta las tantas con tus amigos….

La risa te ahorrará el botox al cumplir los 50.

Estira los músculos de la cara, levanta el mentón, las mejillas y los músculos de alrededor de los ojos, manteniendo el rostro en forma y sin arrugas. ¡Toda una maravilla!

La risa fortalece el sistema inmune

Todos hemos oído que afrontar una enfermedad con humor y con buen plante hará que tengamos más posibilidades de curarnos. Cierto, reír hace que nuestro cuerpo fabrique más anticuerpos y nos proteja de forma más eficiente ante los bichillos invasores.

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Día Mundial del Cáncer de mama

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Hoy se celebra el Día Mundial del Cáncer de Mama y la Burbuja quiere acompañar a todas esas mujeres que han pasado o están pasado por esta enfermedad. Todos tenemos en nuestro entorno valientes que han luchado y luchan con garras y dientes porque SE PUEDE GANAR a este monstruo.

Hoy mi entrada no va destinada a aprender o a dar consejos de psicología, va dedicada  exclusivamente a dar ánimo a todas esas mujeres que lo están pasando mal y a recordaros a todas lo orgullosos que estamos de vosotras.

Toda la sociedad se vuelca hoy en fomentar la prevención y la concienciación ciudadana sobre esta enfermedad. Es el cáncer más antiguo en la historia de la medicina del que se tienen registros de casos diagnosticados en el año 1600 a.C. Pone los pelos de punta imaginar cuántas mujeres han pasado por esta enfermedad y sin contar con los avances que hoy tiene la ciencia. ¡Pero pone una sonrisa en la cara pensar cuantas lo superan cada día!

Me gusta mucho leer artículos relacionados con la mitología griega  y hace tiempo encontré una comparación que me pareció perfecta para las mujeres que tienen cáncer de mama.
Cuenta la mitología griega que las amazonas eran un grupo de mujeres guerreras, independientes y valientes. Todos hemos visto la famosa serie ” Xena: la princesa guerrera” y nos hemos quedado boquiabiertos al contemplar esas mujeres guerreras. Lo que quizá no todos sabemos es que para poder usar el arco o arrojar las lanzas con más libertad, se cortaban o quemaban el pecho derecho (de ahí viene su nombre: la palabra “amazona” significa en griego “sin senos”).
Esta figura mitológica puede representar a todas esas mujeres guerreras y valientes que tras superar el shock y drama personal /familiar al descubrir que tienen un cáncer de mama (imaginaros, 44 mujeres son diagnosticadas cada día en España), reaccionan y se ponen el mundo sobre la espalda para luchar contra la enfermedad sin compadecerse de sí mismas. Ponen un halo de optimismo en sus ojos y animan a su entorno a pensar que todo irá bien. Consuelan a sus hijos y maridos y salen a la calle para demostrar que mientras hay vida hay esperanza. Y después, tras muchos tratamientos, intervenciones y pasar por la temida “quimio” hablas con una de ellas de todo lo vivido y tan sólo puedes pensar en lo mucho que admiras a esa mujer que tienes sentada frente a ti, con la boca abierta como si contemplaras a una auténtica amazona en el siglo XXI.
Para esa mujer que forma parte de mi vida que yo personalmente quiero y admiro, y para todas esas que todos queremos y admiramos va destinado un abrazo enorme cargado de fuerza y de esperanza, porque se PUEDE.
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 Patricia Blasco González. Psicóloga.

¿Tienes Astenia Otoñal?

Ya es octubre y queda formalmente reconocido el fin de las vacaciones, de las escapadas de fin de semana y de las largas horas de intenso sol. Ahora toca establecer la rutina de trabajo (incluyendo los madrugones) y la adaptación a la disminución de las horas de sol. Es quizá a este último aspecto al que más nos cuesta adaptarnos.

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La luz es muy importante para los seres vivos ya que regula nuestros ciclos de sueño-vigilia. En nuestro cerebro existe una estructura, la glándula pineal, una especie de sensor que detecta los cambios de luz. Cuando el sol deja de brillar, nuestra glándula pineal comienza a fabricar melatonina, una hormona que hace el papel de “sereno” avisándonos de que ya es hora de dormir. Cuando comienza a amanecer, esta misma glándula deja de producir melatonina y hace el papel de “gallo” avisándonos de que ya es hora de levantarse, activando importantes neurotransmisores (dopamina, serotonina y noradrenalina) relacionadas con las emociones y las sensaciones de bienestar. Este ciclo se repite todos los días y hace que los animales nos ajustemos a las horas de sol y vivamos en consonancia a las mismas.

Pero cuando llega el cambio de estación, especialmente al entrar la primavera o el otoño esta hormona se desequilibra al alterarse el ciclo solar. En otoño, sufrimos una reducción de las horas solares por lo que nuestra glándula pineal trabaja más horas al día, dejándonos un estado de tristeza, melancolía, cansancio y apatía que no pasa desapercibido para nuestro entorno: nos mostramos irascibles, irritables y faltos de actividad. A este cuadro de síntomas se le conoce como astenia otoñal y afecta en mayor proporción a mujeres entre los 20 y 50 años.

¿Cuáles son los síntomas de la astenia otoñal?

  1. Falta de fuerza para levantarse por las mañanas: “¿cuánto falta para que sea domingo?” Es la típica pregunta que te haces al levantarte. La cruda realidad te devuelve como respuesta “aún es lunes” y te sientes derrotado.
  2. Dificultades de concentración:pasas de una actividad a otra buscando algo que te entretenga más, dejándolas incompletas y dándote cuenta de que “¡no te apetece hacer nada!”
  3. Irascible: cualquier cosa te sienta mal, por pequeña que sea. Te digan o no te digan algo es suficiente para enfadarte, te molesta el ruido del vecino, que te rocen en el autobús, subir acompañado en el ascensor, …
  4. Apatía: Nada te motiva.Ya no se te ocurren esos planes maravillosos que tenías en verano. Ya no hay terrazas donde dé el sol calentito, ni piscina, ni playa…
  5. Cansancio físico: te pesan los brazos y las piernas, tienes lumbago, te duele la cabeza…  En definitiva, te sientes como un globo desinflado.
  6. Lentitud mental: “pídeme una cosa, dos son demasiadas”. No te sientes capaz de preparar grandes discursos ni dar soluciones muy originales, es como si tu cabeza no quisiera funcionar. esto se nota especialmente en el trabajo y en las conversaciones que mantienes.
  7. Sensible: esta característica es propia de las mujeres, nos convertimos en personas de “lágrima fácil”. Todo nos pone triste, nos entra la melancolía y las lagrimillas brotan fácilmente de nuestros ojos (aquí está el efecto de la falta de neurotransmisores que nombrábamos antes: serotonina, dopamina y noradrenalina).
  8. Necesidad de dormir más horas: No bastan las 8h que duermes y la siesta, no, necesitas dormir más, da igual que hora sea. El bostezo forma parte de tu expresión facial y lo peor de todo es que ¡lo contagias a los demás!
  9. Reducción del sistema inmune: vienen los estornudos, la moquita, la tos, la congestión nasal… Y esto aún te desanima más ya que sólo te apetece ejercitar la “manta-sofá”.
  10. Echas de menos el sol: tú mismo notas que te falta el sol, que la lluvia te pone triste, que el día es corto… ¡Notas que ya es otoño!

Pese a ser un estado bastante molesto,es pasajero y mejora en unos días o semanas.

Si quieres que pase cuanto antes intenta seguir una dieta equilibrada y rica en vitaminas, evita el café, bebe mucha agua, ejercita la mente (como leer, hacer crucigramas, hablar…), regula los horarios de comida (lo ideal es entre 4 y 5 comidas diarias), realiza ejercicio físico moderado e intenta dormir y descansar el tiempo que tu cuerpo necesite.

Y recuerda:

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¡¡¡NO PUEDO CON MI VIDA!!!

Tenemos que ser sinceros y reconocer que en más de un momento de nuestra existencia hemos sentido que no podíamos con nuestra vida, que lo que estábamos viviendo “no lo deseábamos” o lo peor de todo: “no nos lo merecíamos”. Aunque parezcan sentimientos similares son muy diferentes y conllevan diferentes tipos de actuaciones. En psicología este tipo de sentimientos/pensamientos se trabajan de dos modos diferentes. Hoy no vamos a dar consejos de cómo cambiar tu vida (¡sería demasiado fácil para ti! ¿eh?), vamos a intentar que tu cerebro haga “click” y reaccione.  ¿Te animas a desafiar a tu coco?

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Si estás viviendo una situación personal que no deseas, ¿a qué esperas para cambiarla? La palabra deseo implica elección y tú puedes cambiar tu vida. Observa aquello que no te gusta, plantea opciones y elige aquella que te resulte más viable, cómoda o atractiva. Arriésgate, sal al mundo y rompe las reglas establecidas: ¿por qué no puedes cortar con esa pareja que no te hace feliz? ¿Qué es lo que te ata para no poder hacer ese viaje que anhelas? ¿Por qué no apuntarte al gimnasio que tantas veces has mirado? ¿Por qué sigues aguantando a esa amiga que te absorbe toda tu energía? ¿Por qué necesitas que alguien te acompañe a todos los lados? ¿Por qué no estudias lo que siempre has querido? Son obstáculos que nosotros mismos convertimos en grandes muros que nos frenan. A veces, como ya dijimos en otro post, por “el qué dirán”, otras veces por miedo a lo desconocido y otras veces por simple comodidad y victimismo. La vida pasa demasiado rápido para estar pensando que vendrán días mejores, NO TE HAGAS LA VÍCTIMA, ¡ACTÚA HOY!

Ahora bien, la situación cambia drásticamente cuando estamos viviendo una situación personal que creemos no merecer. Pongo ejemplos claros: la enfermedad propia o de un familiar, el abandono de una pareja, el fallecimiento de un familiar, estar en paro… Aquí la solución no pasa por la elección, plantear alternativas y actuar. No, tristemente no. Tu problema va a seguir existiendo por mucho que pases noches sin dormir, pienses todo el día en lo desgraciado que tú eres y en la suerte que tiene el resto, en “¿por qué yo?” o te abandones en el sofá. En estas circunstancias no se puede hacer nada para enmendar la situación y hacerla reversible, pero sí puedes trabajar sobre tus pensamientos y evitar quedarte estancado, ¿cómo? Aceptando la realidad. Pero cuidado, aceptar no es lo mismo que conformarse. Aceptar es tolerar una situación, intentar que te afecte lo menos posible cambiando el foco de atención hacia otras áreas, abandonando una lucha hacia algo que no tiene solución y abriendo nuevos horizontes que nos permitan vivir como nos gustaría. Piensa que aunque tu vida y tu entorno no sea como una vez lo soñaste, tu futuro podrá ser diferentes si siembras el presente: cada pequeña acción, cada pequeñito paso, se convertirá en algo grande en el futuro.

Resumiendo:

Si hay algo que puedas hacerlo HOY: hazlo.

Si no puedes hacer nada: a otra cosa mariposa y a pensar en el FUTURO.

Así que si no puedes con tu vida, quita lastre y haz que sea menos pesada. El camino es demasiado largo para recorrerlo con una mochila cargada de preocupaciones…

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Patricia Blasco González. Psicóloga

Ser una “mala madre” contemporánea

Desde hace años se ha impulsado a las mujeres a dedicarse en cuerpo y alma (literalmente) al cuidado de los hijos. El hecho de convertirse en madre hacía que los hobbies, aficiones o el mero hecho de ser mujer quedaran relegados a un segundo plano. ¿Cómo alguien que es madre va a seguir estudiando? ¿Y permitirse el lujo de irse una tarde de compras o al gimnasio? ¿Y dejar a los niños con los abuelos por hacer un viaje “romántico” con su pareja? Conductas así llevaban a definir a las mujeres que las realizaban como “madres no concienciadas” o simplemente “malas madres”. Un adjetivo muy feo en el marco de la maternidad y que ha creado muchos sentimientos de culpabilidad, depresiones post-parto y muchos trastornos de ansiedad crónicos.

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Los tiempos han cambiado y no sólo las mujeres hemos evolucionado (esto no es cuestión de sexos), la sociedad ha evolucionado. El hecho de convertirse en padres cambia muchos aspectos de la vida de AMBOS progenitores: la responsabilidad, las prioridades, la cantidad de tiempo libre… Pero no debe cambiar la esencia de lo que cada persona es. Un niño será feliz no porque su madre le dedique 8h al día, sino porque le dedique el mayor número de horas posibles entregando el 100% de sí misma, viéndola feliz y autorrealizada. Es preferible una hora de juegos con tu hijo que 5h en casa con tu hijo viendo la televisión solo.

Una mujer que debe abandonar sus sueños por el hecho de convertirse en madre no será más feliz que aquella otra que no renunció a sus sueños y decidió no ser madre. Tener un hijo es un sueño más dentro de una larga lista de objetivos personales, no es incompatible con ser MUJER.

De este modo la maternidad genera, además de un sinfín de cambios hormonales, dos tipos de madres a largo plazo:

  1. Las que sienten que su vida ha cambiado de una forma irreversible y se afanan por ser madres perfectas. Creen que sólo ellas saben cuidar a sus bebés y discuten con su marido/pareja constantemente recriminándoles que su vida no ha cambiado y las de ellas sí. Por ejemplificarlo de manera gráfica se sienten como un pequeño pez en un gran océano: desbordadas por todos los lados. Son mujeres que se descuidan, se ven mal físicamente, solas a nivel emocional, sin tiempo, sin apoyos y se distancian de sus parejas y amistades. Aquí empieza el peligroso bucle que puede convertirla en una persona depresiva y/o ansiosa. Esto es peligroso no sólo para ella, sino para su hijo y su pareja: no hay nada más peligroso para un niño que crecer en un ambiente hostil. Este tipo de madre es raro que cambie en el tiempo si en el primer año no se percata de que su vida anterior no se ha esfumado por el hecho de ser madre, por lo que es probable que en unos años ella o lo que es peor, su hijo, vengan a consulta.nic3b1o-viendo-television
  2. Las que asumen que la maternidad es un rol más de la vida que hay que compatibilizar con el trabajo, la casa, el gimnasio, el café con las amigas, la tarde de compras y lo más importante con el cuidado de su pareja. Me centro en este último aspecto, ya que un hijo no debe ser una fractura entre los miembros de la pareja, debe ser un lazo de unión. A la pareja le cuesta acostumbrarse e incorporar ese pequeño ser a sus vidas, habrá que discutir, pero siempre desde el cariño y la comprensión.

Estudios demuestran que estas mujeres son las que gozan de un mejor estado psicológico, sus bebés se desarrollan mejor y sus maridos se sienten cómodos en el papel de padres y participan en el cuidado de los hijos: aspectos muy positivos en la crianza de su hijo y en la vinculación de la pareja.

mama jugando con sus hijos

Una vez más se demuestra que la perspectiva de una persona, sus objetivos, sus creencias… su esencia no debe cambiar por ningún cambio que ocurra en su vida. Las personas somos flexibles, nacemos con la capacidad de adaptarnos y moldearnos a todo lo que nos depare el futuro y podemos elegir la forma correcta o incorrecta de hacerlo, pero siempre asumiendo las consecuencias que ello conlleve.

Quizá ser una “mala madre” contemporánea no sea tan malo como las generaciones de nuestros abuelos pensaban. SOMOS PERSONAS y las personas tienen múltiples facetas en sus vidas: hija, amiga, esposa, trabajadora, estudiosa, divertida, conductora, peluquera, responsable,… y también madre. Combinarlas y desarrollar al máximo cada una de ellas hará que seas una persona plena y feliz.

Dedicado no a todas las mamis, sino a TODAS LAS MUJERES QUE SE QUIEREN.

Patricia Blasco González. Psicóloga